.
L'INFINIT I LA LLUNA...
L'instant més callat de la nit es produeix quan el brogit lentament acumulat es transforma en zero.
La lluna dibuixa exactament el número més ínfim i obstinadament solitari... el no res i el tot, l'infinit perfecte...
dijous, 22 d’abril del 2010
diumenge, 18 d’abril del 2010
dijous, 15 d’abril del 2010
947
.
1964 - 2010
captiva en tes paraules
del cor brolla la terra
conxorxa del passat
capgires l'habitud
de saber-nos eterns
i ens tornes el miratge
de llibertats amb preu
d'il·lustres fills prohoms
i sang de socarrel
guardant-nos! ai, senyor
de qualque mestissatge
dimarts, 13 d’abril del 2010
Lectures a l'abisme
.
Ray Klunn
Sobre com esdevenir pacient desatès, històrial mèdic incòmode, bluff informàtic, cau de proves desaparegudes i/o mal interpretades, cúmul de despropòsits del sistema sanitari, víctima del poc tacte i la deshumanització de la professió mèdica..., per a arribar finalment a mortalla, entre la compassió i l'admiració de tothom, deixant romandre en pau les consciències que se'n fan creus de tot plegat, principalment per la perillosa certesa que s'hi intueix.
No apte per a hipocondríacs.
No apte per a hipocondríacs.
diumenge, 4 d’abril del 2010
Dermo-memòria
.
Recuerda, cuerpo, no sólo cuánto fuiste amado,
no solamente en qué lechos estuviste,
sino también aquellos deseos de ti
que en otros ojos viste brillar
y temblaron en otras voces -y que humilló
la suerte.
Kavafis
diumenge, 28 de març del 2010
Mon cor estima un arbre
.
Mais mon père disait
C'est le vent du nord
Qui portera en terre
Mon corps sans âme
Et sans colère
C'est le vent du nord
Qui portera en terre
Mon corps sans âme
Face à la mer
C'est le vent du nord
Qui me fera capitaine
D'un brise-lames
Ou d'une baleine
C'est le vent du nord
Qui me fera capitaine
D'un brise-larmes
Pour ceux que j'aime
Mon père disait
Jacques Brel
C'est le vent du nord
Qui portera en terre
Mon corps sans âme
Et sans colère
C'est le vent du nord
Qui portera en terre
Mon corps sans âme
Face à la mer
C'est le vent du nord
Qui me fera capitaine
D'un brise-lames
Ou d'une baleine
C'est le vent du nord
Qui me fera capitaine
D'un brise-larmes
Pour ceux que j'aime
Mon père disait
Jacques Brel
dissabte, 20 de març del 2010
Solitudine
.
no hi ha enyorança
en la constant presència
de la Voluntat que eixorda
l'ànima que es buida
de sí mateixa per a ser
calze de vostre desig
en la constant presència
de la Voluntat que eixorda
l'ànima que es buida
de sí mateixa per a ser
calze de vostre desig
dimecres, 10 de març del 2010
Sé para Él...
.
Sé para Él su Tierra
y Él será tu Cielo.
Sé para Él un lugar de reposo
y Él será tu morada.
Sé para Él una Esclava fiel
y Él será tu eterno Protector.
No lo ahogues pegándote constantemente a Él,
o Él buscará librarse de la carga de tu peso.
No obstante, no te alejes demasiado tiempo de Él,
de lo contrario, podría olvidarte.
Si viene hacia ti, acércate dulcemente a Él,
pero si se aleja de ti, mantén la distancia.
Pon siempre la máxima atención
a los orificios de su nariz y a sus orejas y ojos,
para que Él nunca huela más
que el fragante perfume de tu cuerpo y tu deseo,
nunca escuche de tus labios más
que cosas agradables y buenas noticias
y nunca jamás vea en ti nada
que no sea tu belleza consagrada a su placer.
Al-Ghazali
Poeta àrab
s. XI
y Él será tu Cielo.
Sé para Él un lugar de reposo
y Él será tu morada.
Sé para Él una Esclava fiel
y Él será tu eterno Protector.
No lo ahogues pegándote constantemente a Él,
o Él buscará librarse de la carga de tu peso.
No obstante, no te alejes demasiado tiempo de Él,
de lo contrario, podría olvidarte.
Si viene hacia ti, acércate dulcemente a Él,
pero si se aleja de ti, mantén la distancia.
Pon siempre la máxima atención
a los orificios de su nariz y a sus orejas y ojos,
para que Él nunca huela más
que el fragante perfume de tu cuerpo y tu deseo,
nunca escuche de tus labios más
que cosas agradables y buenas noticias
y nunca jamás vea en ti nada
que no sea tu belleza consagrada a su placer.
Al-Ghazali
Poeta àrab
s. XI
diumenge, 7 de març del 2010
Diario de una mujer adúltera
.
...nos unía una familiaridad que podía durar más que la amistad.
-------
Predominaban la normalidad y la trivialidad. Nada, absolutamente nada emocionante en nuestras vidas.
-------
Para mí la memoria es la última realidad.
-------
Tienes cabeza y corazón siempre has sido muy comprensivo. Quizás tú puedas decirme adónde van los sueños cuando se terminan.
-------
¿Cambian las personas? Puede que en cierto modo.
-------
El silencio se instaló como nieve en el despacho. La quietud era perfecta.
-------
Lo que sea real para ti es real. Sientas lo que sientas, lo sientes.
-------
La idea de ti moldea todo lo que hago.
-------
La fachada de arrogancia desaparecía en cuanto se entablaba conversación con ella y afloraba su duslzura y se caía en la cuenta de que aquella arrogancia bien podría ser autoprotección.
-------
Se percató de que, en aquella época, era lo bastante ingenua para decir algo sin darse cuenta de la clase de señal que eso podía enviar a un hombre. (...) Pero recordó que no estaba a disposición de todo el mundo.
-------
Aviva no iba de hombre en hombre por lujuria, sino en busca de algo que llenara su vida. (...) Y, cuando salía malparada, se disgustaba interiormente aunque exteriormente aparentara calma; nunca dejaba que la otra persona supiera que estaba dolida.
-------
...y entonces se dio un extraño momento en que el tiempo se paró, y yo recordé los buenos tiempos que había pasado a su lado y sentí tanta lástima por aquel hombre al que una vez había amado...
-------
Durante todos estos años, Aviva siempre había pensado que el sexo imaginado era más excitante que el real. No implicaba a otros. Sin líos. Sin corazones rotos.
-------
- No bromeo -dijo Aviva- De vez en cuando, tienes que ir más allá del sexo. Llegar a la comprensión y el sentimiento y el amor. Creo que el amor se demuestra más hablando que follando.
-------
...aquella sonrisa llena de tristeza, como si estuviera haciendo algo en contra de su carácter.
-------
...porque en tu añoranza ves la perfección...
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Predominaban la normalidad y la trivialidad. Nada, absolutamente nada emocionante en nuestras vidas.
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Para mí la memoria es la última realidad.
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Tienes cabeza y corazón siempre has sido muy comprensivo. Quizás tú puedas decirme adónde van los sueños cuando se terminan.
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¿Cambian las personas? Puede que en cierto modo.
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El silencio se instaló como nieve en el despacho. La quietud era perfecta.
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Lo que sea real para ti es real. Sientas lo que sientas, lo sientes.
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La idea de ti moldea todo lo que hago.
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La fachada de arrogancia desaparecía en cuanto se entablaba conversación con ella y afloraba su duslzura y se caía en la cuenta de que aquella arrogancia bien podría ser autoprotección.
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Se percató de que, en aquella época, era lo bastante ingenua para decir algo sin darse cuenta de la clase de señal que eso podía enviar a un hombre. (...) Pero recordó que no estaba a disposición de todo el mundo.
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Aviva no iba de hombre en hombre por lujuria, sino en busca de algo que llenara su vida. (...) Y, cuando salía malparada, se disgustaba interiormente aunque exteriormente aparentara calma; nunca dejaba que la otra persona supiera que estaba dolida.
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...y entonces se dio un extraño momento en que el tiempo se paró, y yo recordé los buenos tiempos que había pasado a su lado y sentí tanta lástima por aquel hombre al que una vez había amado...
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Durante todos estos años, Aviva siempre había pensado que el sexo imaginado era más excitante que el real. No implicaba a otros. Sin líos. Sin corazones rotos.
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- No bromeo -dijo Aviva- De vez en cuando, tienes que ir más allá del sexo. Llegar a la comprensión y el sentimiento y el amor. Creo que el amor se demuestra más hablando que follando.
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...aquella sonrisa llena de tristeza, como si estuviera haciendo algo en contra de su carácter.
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...porque en tu añoranza ves la perfección...
dimarts, 2 de març del 2010
diumenge, 28 de febrer del 2010
Adieu, février...
.
El batec més blanc
sou sota ma pell
en les hores blaves
roent al meu cor
til·ler del consol
i crossa amatent
acotxeu temors
sou sota ma pell
en les hores blaves
roent al meu cor
til·ler del consol
i crossa amatent
acotxeu temors
dissabte, 20 de febrer del 2010
Sensei no Kaban
.

Hiromi Kawakami
El cielo es azul, la tierra blanca
(...) "Oficialmente se llamaba profesor Harutsuna Matsumoto, pero yo lo llamaba "Maestro". Ni "profesor", ni "señor". Símplemente Maestro. Me había dado clase de japonés en el instituto. Puesto que no fue mi tutor ni me entusiasmaban sus clases, no conservaba ningún recuerdo significativo suyo. No había vuelto a verlo des de que me gradué. Empezamos a tratarnos a menudo cuando coincidimos hace unos años, en una taberna frente a la estación.
(...) El Maestro era mi única compañía. Últimamente Él era el único con quien compartía bebidas, daba largos paseos y veía cosas interesantes.
(...) Cuando intento recordar con quién salía antes de trabar amistad con el Maestro, no se me ocurre nadie. Estaba sola. Subía sola al autobús, paseaba sola por la ciudad, iba de compras sola y bebía sola. incluso cuando estaba con el Maestro era como si fuera sola a todas partes. No dependía de su compañía, pero cuando estaba con Él me sentía más completa. Era una sensación curiosa, como si me hubiera comprado un reloj nuevo y no quisiera quitar el plástico adherente que protegía el cristal. Si el Maestro llegara a enterarse de que lo estoy comparando con un pedazo de plástico, probablemente se enfadaría. Cuando coincidíamos en la taberna y nos tratábamos como perfectos desconocidos, me sentía como el reloj que ha perdido el plástico adherente.
(...) - ¿Estoy soñando, Maestro? -le pregunté.
- Sí, es provable. Podría ser un sueño -me respondió con aire divertido.
- ¿Cuándo me despertaré?
- Quien sabe.
- Yo no quiero despertarme.
- Pero si es un sueño, tarde o temprano te despertarás.
Los relámpagos centelleaban y los truenos retumbaban. Tenía los músculos de todo el cuerpo agarrotados. El Maestro me acariciaba la espalda.
- No quiero despertar -repetí.
- Yo tampoco -dijo Él.
La lluvia repiqueteaba contra el techo. Yo estaba en el regazo del Maestro, tensa. Él me acariciaba la espalda dulcemente.
(...) La bondad del Maestro procedía de su estricto sentido de la justicia. No era amable conmigo para hacerme feliz, sino porque analizaba mis opiniones sin tener ideas preconcebidas. Se podría decir que su bondad era más bien una actitud pedagógica. Por eso cuando me daba la razón me sentía mucho más feliz que si se hubiera limitado a decirme que sí para tenerme contenta. Aquello fue todo un descubrimiento. No me siento cómoda cuando me dan la razón sin tenerla. Prefiero mil veces que me traten con justicia.
(...) Escribí diez, doce, veinte poemas. Al final estaba tan cansada que apoyé la cabeza en el futón del Maestro y me tumbé encima del tatami. Cuando se me cerraron los párpados no fui capaz de volver a abrirlos. En vez de despertarme, el Maestro me acomodó en el futón y me dejó dormir. No recuerdo nada más. Sólo sé que, al desperar, oí el murmullo de las olas y vi la luz que inundaba la habitación a través de una rendija de la cortina. Sentí una sensación de asfixia y giré la cabeza. El Maestro estaba durmiendo a mi lado. Yo tenía la cabeza apoyada en su brazo. Ahogué un grito y me levanté precipitadamente. Salí corriendo hacia mi habitación, con la mente en blanco. Me dejé caer en el futón, me levanté de un salto, di un par de vueltas por la habitación, abrí y cerré las cortinas, me tumbé en el futón, tiré del edredón hasta cubrirme la cabeza, me levanté por segunda vez y regresé a la habitación del Maestro sin pensar. Las cortinas estaban cerradas y el Maestro se hallaba tumbado en la penumbra, esperándome con los ojos abiertos. -Ven, Tsukiko -me dijo tiernamente, echando el edredón hacia atrás. -Vale, susurré. Me tumbé a su lado y lo sentí muy cerca. -Maestro -musité, hundiendo la cabeza en su pecho. Él beso mi pelo una y otra vez. Me acarició los pechos, al principio por encima del kimono y luego por debajo. -Tienes unos pechos muy bonitos -me dijo en el mismo tono que había usado la noche anterior para analizar el poema de Basho. Solté una risa ahogada, y Él también rió. -Son muy bonitos. Eres encantadora, Tsukiko -añadió, mientras me acariciaba el pelo una y otra vez. Los ojos se me cerraban de sueño. -Me quedaré dormida, Maestro -le advertí. -Pues vamos a dormir, Tsukiko -me respondió. -Es que no quiero dormir -murmuré, incapaz de abrir los párpados. Era como si la mano del Maestro provocara un efecto somnífero en mí. Quería decirle que no me dejara dormir y pedirle que me abrazara.
(...) -¿Cuánto tiempo crees que me queda de vida, Tsukiko? -me preguntó el Maestro bruscamente. Nuestras miradas se encontraron. Sus ojos parecían tranquilos. - ¡Mucho, mucho tiempo! -grité sin pensar. Una joven pareja que ocupaba el banco contiguo se volvió hacia nosotros. Unas cuantas palomas alzaron el vuelo. -No viviré tanto. -Pero aún le queda mucho tiempo. El Maestro tomó mi mano izquierda con su derecha y la envolvió con su áspera palma. -Pero si no viviera tanto tiempo tu no serías feliz, ¿Verdad? (...) Entonces me pasó el brazo por encima del hombro y me atrajo hacia sí. Cuando me abrazó, el tiempo parecía haberse detenido. -Maestro -musité. -Tsukiko -susurró Él. -Aunque Usted muriera ahora mismo yo estaría bien, Maestro. Lo superaré -le prometí mientras hundía la cara en su pecho. - No pensaba morir ahora mismo -replicó, abrazándome. Su voz era apenas un murmullo dulce y suave, como cuando hablamos por teléfono.
(...) Todo aquello me parece muy lejano. Los días que pasé junto al Maestro fueron tranquilos e intensos. Habían pasado dos años desde nuestro reencuentro. Nuestra "relación oficial", tal y como solía decir Él, duró tres años. No tuvimos más tiempo para compartir.
(...) En noches como ésta, abro el maletín del Maestro. En su interior no hay nada, sólo un vacío que se extiende. Un enorme espacio vacío que crece sin parar."
El cielo es azul, la tierra blanca
(...) "Oficialmente se llamaba profesor Harutsuna Matsumoto, pero yo lo llamaba "Maestro". Ni "profesor", ni "señor". Símplemente Maestro. Me había dado clase de japonés en el instituto. Puesto que no fue mi tutor ni me entusiasmaban sus clases, no conservaba ningún recuerdo significativo suyo. No había vuelto a verlo des de que me gradué. Empezamos a tratarnos a menudo cuando coincidimos hace unos años, en una taberna frente a la estación.
(...) El Maestro era mi única compañía. Últimamente Él era el único con quien compartía bebidas, daba largos paseos y veía cosas interesantes.
(...) Cuando intento recordar con quién salía antes de trabar amistad con el Maestro, no se me ocurre nadie. Estaba sola. Subía sola al autobús, paseaba sola por la ciudad, iba de compras sola y bebía sola. incluso cuando estaba con el Maestro era como si fuera sola a todas partes. No dependía de su compañía, pero cuando estaba con Él me sentía más completa. Era una sensación curiosa, como si me hubiera comprado un reloj nuevo y no quisiera quitar el plástico adherente que protegía el cristal. Si el Maestro llegara a enterarse de que lo estoy comparando con un pedazo de plástico, probablemente se enfadaría. Cuando coincidíamos en la taberna y nos tratábamos como perfectos desconocidos, me sentía como el reloj que ha perdido el plástico adherente.
(...) - ¿Estoy soñando, Maestro? -le pregunté.
- Sí, es provable. Podría ser un sueño -me respondió con aire divertido.
- ¿Cuándo me despertaré?
- Quien sabe.
- Yo no quiero despertarme.
- Pero si es un sueño, tarde o temprano te despertarás.
Los relámpagos centelleaban y los truenos retumbaban. Tenía los músculos de todo el cuerpo agarrotados. El Maestro me acariciaba la espalda.
- No quiero despertar -repetí.
- Yo tampoco -dijo Él.
La lluvia repiqueteaba contra el techo. Yo estaba en el regazo del Maestro, tensa. Él me acariciaba la espalda dulcemente.
(...) La bondad del Maestro procedía de su estricto sentido de la justicia. No era amable conmigo para hacerme feliz, sino porque analizaba mis opiniones sin tener ideas preconcebidas. Se podría decir que su bondad era más bien una actitud pedagógica. Por eso cuando me daba la razón me sentía mucho más feliz que si se hubiera limitado a decirme que sí para tenerme contenta. Aquello fue todo un descubrimiento. No me siento cómoda cuando me dan la razón sin tenerla. Prefiero mil veces que me traten con justicia.
(...) Escribí diez, doce, veinte poemas. Al final estaba tan cansada que apoyé la cabeza en el futón del Maestro y me tumbé encima del tatami. Cuando se me cerraron los párpados no fui capaz de volver a abrirlos. En vez de despertarme, el Maestro me acomodó en el futón y me dejó dormir. No recuerdo nada más. Sólo sé que, al desperar, oí el murmullo de las olas y vi la luz que inundaba la habitación a través de una rendija de la cortina. Sentí una sensación de asfixia y giré la cabeza. El Maestro estaba durmiendo a mi lado. Yo tenía la cabeza apoyada en su brazo. Ahogué un grito y me levanté precipitadamente. Salí corriendo hacia mi habitación, con la mente en blanco. Me dejé caer en el futón, me levanté de un salto, di un par de vueltas por la habitación, abrí y cerré las cortinas, me tumbé en el futón, tiré del edredón hasta cubrirme la cabeza, me levanté por segunda vez y regresé a la habitación del Maestro sin pensar. Las cortinas estaban cerradas y el Maestro se hallaba tumbado en la penumbra, esperándome con los ojos abiertos. -Ven, Tsukiko -me dijo tiernamente, echando el edredón hacia atrás. -Vale, susurré. Me tumbé a su lado y lo sentí muy cerca. -Maestro -musité, hundiendo la cabeza en su pecho. Él beso mi pelo una y otra vez. Me acarició los pechos, al principio por encima del kimono y luego por debajo. -Tienes unos pechos muy bonitos -me dijo en el mismo tono que había usado la noche anterior para analizar el poema de Basho. Solté una risa ahogada, y Él también rió. -Son muy bonitos. Eres encantadora, Tsukiko -añadió, mientras me acariciaba el pelo una y otra vez. Los ojos se me cerraban de sueño. -Me quedaré dormida, Maestro -le advertí. -Pues vamos a dormir, Tsukiko -me respondió. -Es que no quiero dormir -murmuré, incapaz de abrir los párpados. Era como si la mano del Maestro provocara un efecto somnífero en mí. Quería decirle que no me dejara dormir y pedirle que me abrazara.
(...) -¿Cuánto tiempo crees que me queda de vida, Tsukiko? -me preguntó el Maestro bruscamente. Nuestras miradas se encontraron. Sus ojos parecían tranquilos. - ¡Mucho, mucho tiempo! -grité sin pensar. Una joven pareja que ocupaba el banco contiguo se volvió hacia nosotros. Unas cuantas palomas alzaron el vuelo. -No viviré tanto. -Pero aún le queda mucho tiempo. El Maestro tomó mi mano izquierda con su derecha y la envolvió con su áspera palma. -Pero si no viviera tanto tiempo tu no serías feliz, ¿Verdad? (...) Entonces me pasó el brazo por encima del hombro y me atrajo hacia sí. Cuando me abrazó, el tiempo parecía haberse detenido. -Maestro -musité. -Tsukiko -susurró Él. -Aunque Usted muriera ahora mismo yo estaría bien, Maestro. Lo superaré -le prometí mientras hundía la cara en su pecho. - No pensaba morir ahora mismo -replicó, abrazándome. Su voz era apenas un murmullo dulce y suave, como cuando hablamos por teléfono.
(...) Todo aquello me parece muy lejano. Los días que pasé junto al Maestro fueron tranquilos e intensos. Habían pasado dos años desde nuestro reencuentro. Nuestra "relación oficial", tal y como solía decir Él, duró tres años. No tuvimos más tiempo para compartir.
(...) En noches como ésta, abro el maletín del Maestro. En su interior no hay nada, sólo un vacío que se extiende. Un enorme espacio vacío que crece sin parar."
divendres, 19 de febrer del 2010
diumenge, 31 de gener del 2010
Les hores blaves
.
"Éssent vostra esclava, qué puc fer
sinó esperar l'hora i l'instant de vostre desig?
No tinc temps preciós per a emprar,
ni deures per a cumplir, fins que Vós m'aviseu.
Ni goso impacientar-me per l' eternitat de les hores,
oh meu sobirà, mentre contemplo el rellotje esperant-vos,
ni penso en l'amargor cruel de l'absència,
quan heu dit adéu un cop a vostra servidora.
Ni goso interrogar els meus pensaments gelosos,
sobre on us trobeu o on us han dut vostres assumptes;
sinó què, a la manera d'un trist esclau, espero i no penso res,
a no ser en com féu de feliços a aquells que són al vostre costat.
L'amor és un boig tant lleïal, que en tot allò que feu,
sigui el que sigui, no hi troba pas cap mal."
.
Sonet LVII
William Shakespeare
.
(traducció lliure)
sinó esperar l'hora i l'instant de vostre desig?
No tinc temps preciós per a emprar,
ni deures per a cumplir, fins que Vós m'aviseu.
Ni goso impacientar-me per l' eternitat de les hores,
oh meu sobirà, mentre contemplo el rellotje esperant-vos,
ni penso en l'amargor cruel de l'absència,
quan heu dit adéu un cop a vostra servidora.
Ni goso interrogar els meus pensaments gelosos,
sobre on us trobeu o on us han dut vostres assumptes;
sinó què, a la manera d'un trist esclau, espero i no penso res,
a no ser en com féu de feliços a aquells que són al vostre costat.
L'amor és un boig tant lleïal, que en tot allò que feu,
sigui el que sigui, no hi troba pas cap mal."
.
Sonet LVII
William Shakespeare
.
(traducció lliure)
dijous, 28 de gener del 2010
dilluns, 25 de gener del 2010
Per molts anys!
i et pintaré el teu món a la pell
per a que aprenguis
el meravellós poder de desitjar
tanca els ulls i...
imagina
(i va dir que volia un peixet-petonet)
diumenge, 17 de gener del 2010
Si pregunten...
.
... evoco records que es gronxen en l'aire que respiro i en uns minuts tot es torna lent fins a paral·litzar el temps.
La velocitat m'assetja xiu-xiuejant la lleu gravetat de l'ésser sobre el sòl, del no-ésser sota el cel; vent silenciós que sense preguntes a l'aire dóna respostes.
I així giravolta el meu interior insuflant aire al vent, buidant-me de mí, fins a desaparèixer.
La velocitat m'assetja xiu-xiuejant la lleu gravetat de l'ésser sobre el sòl, del no-ésser sota el cel; vent silenciós que sense preguntes a l'aire dóna respostes.
I així giravolta el meu interior insuflant aire al vent, buidant-me de mí, fins a desaparèixer.
Si pregunten pel lloc, on la pell conta secrets fins a estremir-se.
divendres, 8 de gener del 2010
dimecres, 6 de gener del 2010
i el rossinyol...
El rossinyol
Hans Christian Andersen, Stephen Mitchell
Ilustración: Bagram Ibatoulline
(traducció al català de l'original)
Hans Christian Andersen, Stephen Mitchell
Ilustración: Bagram Ibatoulline
(traducció al català de l'original)
Un rossinyol enamora l’emperador amb el seu cant, fins que els cortesans ofereixen al seu senyor un increïble ocell mecànic.
Els dos canten junts, el primer amb total llibertat, i el segon ajustant-se perfectament a la mesura. Dolgut per les preferències de l’emperador, el rossinyol torna al bosc, però la maquinària de l’ocell mecànic deixa de funcionar.
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